Digitalofilias y digitalofobias

Avatar de Jordi Estalella

Escrito por:

Digitalofilias y digitalofobias

Ha transcurrido m谩s de un a帽o desde que se decret贸 el infausto confinamiento y desde que el coronavirus anunci贸 su condici贸n epid茅mica asolando todos los rincones del planeta. Las comunicaciones, sin embargo, siguieron funcionando durante la pandemia y las empresas trasladaron sus reuniones, formaciones y eventos presenciales a los ciberespacios edificados por las plataformas de videoconferencia como Zoom, Teams y Google Meet. Los abogados no fueron la excepci贸n, y gracias a las circunstancias excepcionales de la crisis sanitaria muchos descubrieron, repentinamente, que esas plataformas se hab铆an convertido en el cord贸n umbilical que les un铆a a sus clientes y compa帽eros de despacho.

Hasta ese momento la 鈥渘ube鈥 (cloud), poco extendida, incomprendida y c谩rdena en la profesi贸n legal, apareci贸 y mostr贸 todo su esplendor causando una sensaci贸n parecida a la del ni帽o que saborea por primera vez el algod贸n de az煤car. No se necesitaba un sitio fijo de trabajo, la oficina se reduc铆a a un port谩til y una serie de aplicaciones y se comenz贸 a considerar los desplazamientos una p茅rdida de tiempo. La tecnolog铆a en la nube, igual que el algod贸n azucarado, era vaporoso, el谩stico y moldeable.

La explosiva y f谩cil adaptaci贸n a las tecnolog铆as digitales de la comunicaci贸n -en lenguaje llano, videoconferencia- ha creado en un buen n煤mero de bufetes una ilusi贸n de dominio digital que los ha llevado a abrazar con efusi贸n todo lo que suene a digitalizaci贸n y transformaci贸n digital. En el lado opuesto se sit煤an las firmas legales que miran con desconfianza la tecnolog铆a, estiman que la cuesti贸n digital no aporta un valor significativo a su trabajo ni a sus clientes y se despreocupan de mejorar las competencias digitales de sus equipos. Desde luego, entremedio de estas dos posturas que representan el fervor y el escepticismo digital, a las que llamo 鈥渄igitalofilia鈥 y 鈥渄igitalofobia鈥 (toda profesi贸n que se precie tiene sus filias y fobias), se encuentran los despachos que realizan una evaluaci贸n equilibrada de las implicaciones digitales y adoptan las decisiones acertadas.

De todos modos, estos 煤ltimos no son demasiados si atendemos al Estudio de Madurez Digital de despachos de abogados que llevamos a cabo en AlterWork en el per铆odo abril 2020-2021 y cuyos聽resultados parciales fueron publicados por El Confidencial聽hace escasos d铆as. Los datos del estudio revelan que el 33% de los despachos contin煤an trabajando sin conexi贸n a la nube y que otro 33% lo hace parcialmente, que el 65% no tiene un plan de transformaci贸n digital, que el 45% no digitaliza documentos o lo hace en una proporci贸n menor a la mitad y que el 65% desconoce que puede implicar el聽machine learning聽o la inteligencia artificial o piensa que no producir谩 un impacto relevante.

La digitalofobia, a luz de dichos datos y nuestra experiencia en consultor铆a, podr铆a explicarse por dos motivos complementarios. En primer lugar, un desinter茅s o rechazo por aquello que sale estrictamente de la 贸rbita t茅cnico-jur铆dica. El segundo motivo es la falta de una visi贸n definida que impulse la actividad del despacho hacia las nuevas demandas que est谩n reclam谩ndose en el entorno digital.

La digitalofilia, conducta antag贸nica a la anterior, est谩 provocando un optimismo desmesurado en las capacidades de la tecnolog铆a y las ventajas que supone para el trabajo jur铆dico. Llevados por este optimismo tecnol贸gico, muchos despachos est谩n desarrollando proyectos de digitalizaci贸n sin realizar previamente un an谩lisis contrastado del impacto que los cambios producir谩n en los indicadores de beneficio (eficiencia, rentabilidad, satisfacci贸n del cliente) ni del retorno de la inversi贸n concretada sobre esos indicadores, o est谩n implementando tecnolog铆as que simplemente no necesitan o, aun m谩s calamitoso, que empeoran la situaci贸n inicial.

Casos comunes de esto 煤ltimo suceden cuando se comprueba que las herramientas instaladas duplican los procesos en lugar de simplificarlos, bien porque no se ha redise帽ado y adaptado el proceso original a la l贸gica digital -el cambio se ha limitado a hacer lo mismo pero en digital-, o bien porque las nuevas herramientas no 鈥渉ablan鈥 con las que el despacho ya utilizaba.

Tanto la digitalofilia como la digitalofobia son conductas a evitar y los despachos deben optar por el camino central que es en d贸nde suele hallarse la virtud, aunque esta sea digital.